TESTIMONIOS:

El lema de su vida

En mi día a día, me encomiendo a Sole y a menudo me descubro preguntándome: ¿Qué haría Sole? ¿Qué diría, qué pensaría Sole?” Es una fuente constante de inspiración de cómo quiero vivir en Cristo y ser de Cristo. Para mí su padre la define con mucho acierto, cuando dice que “hizo extraordinariamente bien lo ordinario”.

La conocí muchos años antes de su enfermedad, y si bien es cierto que, fue durante ese período cuando más palpable se hizo su unión con Cristo, puedo decir que  antes de ella, de su enfermedad, Sole ya era íntima amiga del Señor; tenía una confianza con Él, y en Él, que traspasaba…irradiaba una alegría diferente.

Yo aprendí de ella lo que significa ser amiga de Cristo, tener unidad de vida, y llevar ante el Sagrario todas tus cosas, y el Sagrario a todas tus cosas.
La vida de Sole era todo coherencia, todo era armónico, y la melodía de fondo era Él, en todas las facetas de su vida.

Y así, el lema ignaciano “AMDG”, “Ad maiorem Dei gloriam”, se convirtió en su lema de vida.

KM

Te hacía sentirte importante a sus ojos

A Sole no le gustaba llamar la atención jamás, no notabas su presencia, pero sí su ausencia; si no estaba en la reunión había un “hueco” difícil de llenar, sus aportaciones a la reunión siempre eran valiosas y profundas, se notaba desde siempre lo empapada que estaba de Dios, de su rica vida interior.  Su tono pausado desprendía paz y en ese aceleramiento que llevamos todas de nuestra vida al estar junto a ella nos contagiaba su tranquilidad y las ganas de hacer todo AMGD.

Cuando hablabas con ella parecía que disponía de todo el tiempo del mundo para escucharte, en ella no había preguntas retóricas al saludarte con un ¿cómo estás?, te lo preguntaba sinceramente. Era una amiga que te hacía sentirte importante a sus ojos; te acogía con amor y cariño siempre con esa sonrisa angelical en la cara.

AM

Fue, y sigue siendo, punto de referencia

Sole y yo nos conocimos con 12 años, cuando entró en el colegio. Nos hicimos amigas casi inmediatamente, de forma natural. Fue mi amiga desde entonces, adaptándonos a las circunstancias de nuestras vidas, sin distanciarnos. Desde los años de adolescencia, con universidades distintas, amigos distintos, trabajos, maridos e hijos, incluso países distintos.

No digo nada nuevo. Era profundamente buena y exquisitamente educada. Las dos cosas estaban muy unidas. Siempre pensaba en el Otro, con mayúsculas, en concreto, pero sin rigideces, sin lecciones moralistas, con una naturalidad pasmosa, como si no le costara. Y por supuesto que le costaba, cualquiera sabe lo que cuesta esa delicadeza, ese autocontrol, ese salir de sí mismo para no ser nunca protagonista, para estar en el lugar del que tienes enfrente.

 Fue -y sigue siendo- punto de referencia, porque hablábamos sin pudor de lo divino y de lo humano. Desde mis dudas religiosas, a política, o al chico que nos gustaba y de cosas más triviales y básicas. Se podía hablar con ella de todo. 

Porque ella sabía cómo hablarme, podía decirme de todo. Porque me quería, podía decirme de todo. Y si algo no le gustaba, o no estaba de acuerdo, me lo decía con su exquisita educación. Era uno de mis anclajes morales y emocionales.

No quiero entrar en cómo afrontó y vivió su enfermedad. Parte de ese tiempo yo vivía fuera. La otra parte, en la que la visitaba y seguíamos hablando y hablando, ver a Super Sole contar sus miedos o sus arrepentimientos – por supuesto, tontísimos -, la hacían todavía más ejemplar, más fuerte, más humanamente santa. 

El 3 de abril de 2017, me operaron de urgencia de un absceso infeccioso en la faringe, el cual me provocó una septicemia y además una infección de las vértebras cervicales C1 Y C2. Estuve dos meses hospitalizada, con un tratamiento posterior que se alargó un año. 

La infección se controló, la osteomielitis se curó, y casi no hubo secuelas, gracias a los antibióticos, a los médicos, enfermeras y personal del hospital, y al amor de todos los que me acompañaron. Estoy curada y viva. 

Lo que quiero contar es cómo me ayudó Sole, en ese momento de mi vida.  

Me desperté de la anestesia cuando me estaban desentubando. Llevaba ya diez días de dolor extremo, ese dolor de hueso en la base del cráneo, de toda la cabeza, de garganta, que me corroía. Me costaba respirar, no podía tragar, y la saliva me ahogaba. No podía hablar. Sentía alivio, porque había pasado la operación, pero también una gran angustia. Había pasado toda la noche inconsciente pero lo oía todo y registraba todo, los enfermos de alrededor y sus familiares, los comentarios de las enfermeras, del médico a cargo. 

¿Y Sole? Pues Sole estaba a mi lado, a la izquierda de mi cama. A veces a los pies de la cama. Vestida igual que cuando teníamos 17 años. Sole intemporal. Me sonreía, sin hablarme. Y yo, le hablaba sin poder hablar. Estaba muy enfadada. Sentía angustia e ira. Le decía a Sole: “no te enteras, Sole. Somos entes biológicos, insignificantes seres biológicos. Llega un estreptococo enano, y te mata. Sufrimiento. ¿Y dónde está Dios, el Providencial, el que nos cuida? Dios el Ausente, Sole, que no te enteras, aquí manda la Biología”.

Y Sole me dejaba insultar, me sonreía, me acompañaba.

“Sole, que mi sufrimiento, como tú decías, me hermana con los demás que sufren en Cristo, pero ¿por qué hay que sufrir, Sole?  Y Sole me seguía sonriendo, me escuchaba, no me regañaba, me quería. Ella seguía sonriendo, recogía mi ira, mi miedo, mi angustia, con cara de “venga, so bruta, desahógate, que no te oiga Dios, que a mí me lo puedes contar, que no te dejo sola”.  

En mi “noche oscura” en la UCI, no me dejó sola ni un minuto. Cuando me subieron finalmente a la habitación, ya no la vi más. La tenía presente, pero como siempre desde que murió, en la representación intelectual de mi recuerdo, el que borra las caras. 

Sé que estaba hasta arriba de calmantes para el dolor… pero ¿Por qué no me acompañaron mi abuela, o mi madrina, a las que adoraba? Ni lo sé ni me importa. Lo que si sé es que ella estuvo allí, cuando la necesitaba. Que su recuerdo, sus enseñanzas, son tan importantes para mi, que son las que elijo para poder llevar adelante mi vida, de la mejor manera posible. Que es a la que encomiendo mis hijos y mi marido. Que, en definitiva, es mi Ángel de la Guarda. 

 Guardo de aquellos días un cuadernito, donde iba apuntando lo que me pasaba cada día. Quería acordarme de todo y de todos los que me acompañaron. El cuadernito empieza con las siguientes palabras:

 “Sole con solo mirarme me cura. Yo hablo y reprocho. Grito mis miedos a Dios, a Cristo y a Sole. Ellos los recogen y me sostienen. Me salvan. Perdón, perdón, perdón. Gracias, gracias, gracias”.

CGLG

Estamos alegres

Siempre me llamó la atención, la delicadeza y la visión sobrenatural de Sole; tenía una referencia permanente a Dios hecha con total naturalidad, sin darle importancia.
Me enteré de su enfermedad a lo largo de 2006, -no puedo precisar fecha- y me impactó mucho, pensando en su familia y en el mal pronóstico de la enfermedad.

Cuando en Navidad de 2006 les envié una felicitación me respondieron -Sole y Paul- con un tarjetón que me impresionó tanto que lo he guardado durante diez años, pues estaba seguro de que serviría para reflejar, de una manera muy sencilla, la santidad de una persona; era consciente de que, lo que allí se decía, era una aceptación profundamente sobrenatural de la voluntad de Dios.

LFG

 

El texto decía:

Navidad 2006

El Señor ha estado grande con nosotros y estamos alegres. En este año tan especial, de gracia para nosotros, toda esta familia quiere agradecerte tu oración, tu cariño, y felicitarte la Navidad.
Nos encantaría que vinieras un día a comer.
Se lo encargo a Paul.

Un abrazo fuerte,

Sole

FAVORES:

El bebé nació sano y feliz

Quisiera comunicar lo que considero favor recibido.
Estando embarazada una conocida nos cuenta que en una ecografía le detectan malformación con pronóstico de evolución poco favorable. Le practican biopsia y le envían al genetista con pocas expectativas de que el embarazo llegue a término.
Llegué a casa y delante de la foto de la Virgen Mater Salvatoris recé la oración de la estampa de Sole pidiendo porque se hiciera la voluntad de Dios, pero que ese niño naciera. (Le recomendaban interrumpir embarazo…)
Hoy me ha llamado esta chica diciendo que parece que los resultados son correctos, que no parece que haya malformación. ¡No me lo podía creer! Pienso que esto ha sido una gracia por mediación de Sole. Le he mandado la estampa para que ella también le rece.
Todavía le tienen que comunicar más resultados, pero parece que todo va por buen camino. Gracias.
Lo escribo por si resulta de interés, yo creo que sí.
Saludos,

Correo 27 de octubre de 2019
Solo quería confirmar que el bebé nació sano y en perfecto estado de salud. Creo que ha sido un favor de Sole
Saludos,

BG

Necesitaba volver a trabajar

En abril de 2017 pedí un favor a Soledad Pérez de Ayala Becerril. Uno de mis hijos dejó el trabajo de alta dirección de empresa y necesitaba volver a trabajar en un puesto similar. Se me concedió lo que pedí con tanto fervor a Soledad en el mes de septiembre de 2017.

EC

Le estamos muy agradecidos

18 de marzo de 2019. Mi mujer AS está embarazada de dos meses y medio, hace un mes estuvo sangrando bastante durante varios días y fuimos a urgencias dos veces.
Un día decidí rezar a Sole para que todo se solucionara. A los tres días fuimos a la revisión del ginecólogo y mi mujer pensaba que habíamos perdido al bebé.
Todo lo contrario, nos dijo que estaba perfectamente, y dejó de sangrar.
Le estamos muy agradecidos.
Finalmente, nuestro hijo JHS nació el 5 de octubre de 2019

CH

 

Cómo colaborar

Quienes deseen enviar donativos pueden hacerlo a la cuenta:

ES93 0128 3865 2101 0000 5571

(“Causa Soledad Pérez de Ayala”)